lunes, 20 de febrero de 2012

El sexo y la agresividad están muy ligados en el cerebro

El sexo y la violencia están interconectados en el cerebro de los ratones. La actividad de un pequeño grupo de neuronas situadas en la región del hipotálamo ventromedial (VHM por sus siglas en inglés) del cerebro de los machos determina si se inicia una pelea o se mantienen relaciones sexuales, y hay buenos motivos para pensar que los seres humanos poseen un circuito similar, según sugiere un estudio publicado en la revista científica Nature.

En concreto, David Anderson, del Instituto de Tecnología de California (Caltech), y sus colegas han identificado que una parte de las neuronas de este núcleo se activa sólo en caso de agresión y otras se activan sólo en caso de apareamiento, pero hay cerca de un 25% que se activa en ambas situaciones.

Implantando fibra óptica en el cerebro de los roedores, los investigadores consiguieron modificar artificialmente la actividad de estas redes neuronales a su antojo. De este modo pudieron comprobar que mientras el circuito de la agresividad se mantenía inactivo, los ratones ignoraban la presencia de machos intrusos a los que de forma natural atacarían, eliminando prácticamente el comportamiento violento. Por el contrario, cuando las neuronas se activaban a destiempo, los ratones se volvían tan agresivos que atacaban incluso a objetos inanimados como un guante inflado, a machos castrados o a hembras a las que antes intentaban cortejar. Sin embargo, si estas mismas neuronas se activaban mientras el animal estaba ya inmerso en una actividad sexual, no aparecían conductas violentas. Las neuronas analizadas, concluyen los científicos, se activan en conductas agresivas y se inhiben durante el apareamiento.

Según Anderson, de este estudio podría deducirse que una conexión disfuncional en estas áreas del cerebro podría explicar por qué algunos individuos tienen impulsos sexuales y violentos no apropiados.

Los valientes ligan más

Las aves cantoras con una personalidad arriesgada y que se exponen más a los depredadores tienen también más éxito en los cortejos sexuales, según un estudio realizado por investigadores belgas y húngaros y publicado en la revista PLoS ONE.

Pero, ¿cómo se conoce el temperamento de un ave durante un simple flirteo? Muy sencillo: escuchándola cantar. Desde hace tiempo se sabe que el canto de las aves juega un papel importante y bien conocido en la selección sexual, además de definir la personalidad de los distintos individuos. Un canto llamativo es propio de aves osadas, ya que no sólo atraen el interés de las hembras sino que también llaman la atención de los depredadores. El repertorio vocal de un ave también dice mucho de su idiosincrasia: los individuos más aventureros exploran un mayor rango de hábitats, donde escuchan sonidos variados que incorporan después a sus cantos.

Para comprobar cómo influye todo esto a la hora de encontrar pareja, los investigadores registraron el canto de 24 machos de una población de papamoscas collarinos europeos, monógamos, y realizaron pruebas de comportamiento. Los resultados revelaron que los papamoscas que cantaban en postes bajos cercanos a la vegetación eran identificados como exploradores y arriesgados en las pruebas de personalidad. Y que estos individuos ligaban más que los “tímidos” que se situaban en los postes altos, ya que las hembras se mostraban atraídas por su “osadía”. Al fin y al cabo, desde el punto de vista evolutivo, la valentía y el espíritu aventurero son rasgos de personalidad que suelen aumentar el éxito reproductivo, explican los investigadores.
Elena Sanz

El acento más sexy del mundo



¿Qué habitantes de nuestro planeta pueden presumir de tener el tono de voz más sensual? Según una encuesta realizada por la empresa británica OnePoll a 5.000 mujeres, los irlandeses tienen el acento más meloso y sexy, seguidos de los italianos. El acento escocés, popularizado por el actor Sean Connery, ocupa el tercer puesto. Le siguen en el ranking el acento francés, que según OnePoll ha perdido popularidad probablemente “por culpa de Nicolas Sarkozy”; el australiano; el inglés; el sueco; y, en séptima posición, el español. La encuesta también revela que tres de cada cinco mujeres entrevistadas admiten haber sido seducidas por alguien solamente por su acento "sexy".

Por otra parte, hace tan sólo unos meses el catedrático de Lingüística de la Universidad británica de Sheffield, Andrew Linn, y el ingeniero de sonido Shannon Harris, teclista del famoso cantante Rod Stewart, elaboraron la fórmula científica de una voz humana que puede considerarse “perfecta y atractiva”. Los resultados mostraban que, para resultar seductora, una persona debe pronunciar un máximo de 164 palabras por minuto y emitir pausas de 0,48 segundos entre las frases, las cuales han de expresarse con distinta entonación, de carácter decreciente. Además, la frecuencia de sonido más seductora osciilaría entre 34,5 y 12,2 hertzios.

http://www.muyinteresante.es/el-acento-mas-sexy-del-mundo

Cartas de amor de Freud, Einstein, Fitzgerald y otros famosos

"El producto más franco, más libre y más privado de la mente y del corazón humano es una carta de amor" decía Mark Twain. En el Día de San Valentín, seleccionamos 5 fragmentos de cartas de amor históricas.

En cierta ocasión Sigmund Freud le escribió a su novia y futura esposa Martha Bernays una carta de amor que después ha dado la vuelta al mundo al ser considerada una de las confesiones más románticas de la historia: "No apetezco sino lo que tú ambicionas para ambos porque me doy cuenta de la insignificancia de otros deseos comparados con el hecho de que seas mía. Estoy adormilado y muy triste al pensar que tengo que conformarme con escribirte en vez de besar tus dulces labios".

Víctor Hugo, otro romántico empedernido, escribió en cierta ocasión a Adèle Foucher: "Tienes razón. Hay que amarse y luego hay que decírselo, y luego hay que escribírselo, y luego hay que besarse en los labios, en los ojos, en todas partes".

Albert Einstein también expresaba con frecuencia sus sentimientos hacia su gran amor, Mileva, por carta. En una de estas epístolas, enviada desde Milán el 13 de septiembre de 1900, el físico afirmaba: "En todo el mundo podría encontrar otra mejor que tú, ahora es cuando lo veo claro, cuando conozco a otra gente. […] Hasta mi trabajo me parece inútil e innecesario si no pienso que también tú te alegras de lo que soy y de lo que hago."

El novelista Scott Fitzgerald también escribió largas misivas a la que sería su esposa, Zelda Sayre: "Tú y yo hemos pasado momentos maravillosos en el pasado, y el futuro aún está cargado de posibilidades si levantas la moral y procuras creerlo. El mundo exterior, la situación política, etcétera, siguen siendo oscuros e influyen en todos directamente, y es inevitable que te afecten indirectamente a ti, pero procura distanciarte de todo ello mediante alguna forma de higiene mental, inventándola, si es necesario. Déjame repetirte que no quiero que te concentres demasiado en mi libro, que es una obra melancólica y parece haber obsesionado a casi todos los críticos. Me preocupa muchísimo que lo estés releyendo. Describe determinadas fases de la vida que ya están superadas. Ciertamente nos hallamos en una ola ascendente, aunque no sepamos a ciencia cierta hacia dónde va."

Por su parte, Franz Kafka le envió numerosas cartas a su amada Felice. En una fechada en enero de 1913 le expresaba así su doble amor hacia ella y la literatura: "Querida: te pido con las manos alzadas que no sientas celos de mi novela. Cuando los personajes en la novela se dan cuenta de tus celos, se me escapan, más aun cuando sólo los tengo agarrados por la punta de sus vestidos. Y ten en cuenta que, si se me escapan, tendría que correr tras ellos, aunque fuera hasta el mundo de las tinieblas, su verdadero hogar. La novela soy yo, mis historias soy yo. Así que, te ruego, ¿dónde existe el menor motivo de celos? De hecho, cuando todo lo demás está en orden, mis personajes se toman del brazo y corren a tu encuentro, para, en último término, servirte a ti. [...] gracias a que escribo me mantengo con vida, me aferro a esa barca en la cual te encuentras tú, Felice. Ya resulta bastante triste que no consiga apartarme a ella. Pero comprende, Felice, que tendría que perderte a ti y a todas las cosas si alguna vez perdiera el escribir."